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¡Bástate Mi Gracias!

“Nosotros no apreciamos las preciosas promesas” dijo Spurgeo en una ocasión “hasta que nos vemos en condiciones que hacen ver su dulzura y conveniencia”. Todos nosotros valoramos aquellas palabras de oro: “Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”, pero pocos pueden leerlas con el deleite del mártir Binney. Para él este pasaje era un apoyo mientras en la prisión esperaba ser quemado en la estaca. Su Biblia, que todavía se conserva en la biblioteca del Colegio Corpus Christi, de Cambridge, tenía este pasaje marcado con tinta al margen.

Si todo se supiera, veríamos que cada promesa de la Biblia ha sido portadora de algún mensaje para algún cristiano, de modo que el libro entero podría estar marcado al margen en memoria de momentos trascendentales de la experiencia cristiana.

“Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas” (2 Pedro 1:4). Porque las promesas de Dios son seguras, pero no todas son pagaderas a noventa días de plazo.

La gracias es la presencia, el favor y el poder de Dios. Es una fuerza, la fortaleza celestial que se nos da cuando invocamos a Dios. Cuanto mas grande sean las debilidades y las pruebas por Cristo, tanta mas gracia Dios dará para cumplir su voluntad. Lo que El de siempre para vivir, trabajar por El y soportar los sufrimientos y los “aguijones” en el cuerpo.

Quizás te has preguntado ¿Hasta cuando Señor? ¿Cuándo me responderás? ¿Por qué a mi? Y no puedes escuchar lo que Dios te quiere decir porque solo tienes tu mirada y tus pensamientos en la situación que para ti te esta ahogando, pero Dios hoy te dice: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

En la tormenta que te ha llegado ha sido Dios quien te ha sustentado, en el desanimo que has pasado ha sido Dios quien te ha ayudado, en la soledad que has sentido ha sido Dios quien ha estado a tu lado y en estos instantes es el Señor quien te extiende su mano para que salgas del atolladero en que se encuentra tu vida hoy.