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Conclusiones peligrosas

Es posible iniciar una discusión hablando o hasta defendiendo lo que Dios ha dicho, y al mismo tiempo terminar con creencias que nos permitan desodebecerle. Por ejemplo, al principio de la creación, Satanás hizo deslizar a Eva y la llevó a una discusión religiosa. Simplemente le preguntó qué había mandado Dios respecto al árbol prohibido, pero la condujo a una conclusión fatal (Gn. 3:1-6).

El apóstol Pablo temía que pudiésemos repetir el error de Eva. En su carta a los cristianos de Roma les advirtió que se cuidaran de no llegar a conclusiones erradas. Él quería que los creyentes se regocijaran en la gracia de Dios y en el don gratuito e inmerecido de la salvación (Ro. 5:12-21). Pero Pablo sabía que algunos podrían sugerir equivocadamente que puesto que Dios es tan lleno de gracia, no tenemos que seguir ninguna regla, y que podemos hacer todo lo que queramos (6:12, 15, 16).

En contraste con lo que le sucedió a Eva y a muchos otros, Jesús nos dio un ejemplo de cómo evitar ser arrastrados a conclusiones erradas. Él respondió a las tentaciones de Satanás refiriéndose a las Escrituras y afirmando en cada caso su compromiso con Dios (Mt. 4:1-11).

¿Tentado hoy? No cedas. Aférrate a Jesús. Obedece sus mandamientos. No cambies la comunión con El por nada. Cuídate de hacer conclusiones peligrosas. En la tentación no pierdas la calma, porque los errores de hoy, se pagan muy caros mañana, solo las buenas decisiones de hoy nos traerán bendiciones mañana.