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Cuando te quieres vengar

Una persona que intente vengarse probablemente hará algo de lo que después se arrepentirá. O, si nunca hace nada, poco a poco crecerá en ella la amargura y el odio, y terminará siendo una persona muy desdichada.

Ahitofel es un buen ejemplo. Había sido consejero cercano y compañero del rey David. Sin embargo, se unió a Absalón cuando el joven decidió arrebatarle el trono a su padre.

¿Por qué? Es probable que Betsabé, la joven mujer de quien se había aprovechado el rey David, fuese nieta de Ahitofel (2 S. 11:3; 23:34). De haber sido así, él tenía todo el derecho a estar airado con el rey. Los deseos de venganza crecieron más y más en su interior. Cuando llegó la oportunidad, fue corriendo a ver a Absalón y le dijo cómo apoderarse del trono. Pero Absalón rechazó su consejo. En su desesperación se suicidó (2 S. 17:23).

Todo pudo haber sido muy distinto si Ahitofel hubiese hablado con Dios de su ira y luego con David. Hubiese visto la tristeza de David por su pecado (Sal. 32; 51). Hubiese podido perdonar a David y seguir siendo su amigo. Hubiese podido enseñarnos cómo manejar la ira.

Aprendamos de su negativo ejemplo a rechazar la idea de la venganza, y en lugar de ello, tomemos la senda de confrontar en amor y perdonar pronto, para que asi tu alma no se enferme.