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Oidores y Hacedores

"Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores..." (Santiago 1:22)

El entrenador de béisbol de niños tiene que ser el hombre más paciente que existe.

«Está bien, muchachos --les grita a los Tigres mientras se colocan en sus respectivos lugares--. ¿Cuántos "outs"?» «¡Uno!» --responde un par de ellos. «¿Dónde está el corredor?»

«En la primera base» --dicen otros dos. «Bueno, si la bola viene por el suelo tírenla a la segunda base» --les recuerda el entrenador a los niños de 8 y 9 años de edad.

Así, el bateador tira la pelota por el suelo hacia el jugador de la tercera base, el cual parece paralizado sin saber qué hacer. Cuando viene a decidirse es demasiado tarde. Todo el mundo llega bien.

Una vez más, los jugadores fueron oidores pero no hacedores. Una y otra vez el entrenador les recuerda a los jugadores qué hacer. Una y otra vez, ellos hacen algo diferente.

Hay cierta tendencia en todos nosotros a hacer esto. Dios nos ha dicho lo que espera de nosotros, y sin embargo, muchas veces no lo hacemos. Por ejemplo, en Santiago 1:13-16 se nos dice que la tentación puede conducir al pecado y a sus consecuencias. No obstante, ¿cuántas veces ignoramos esta advertencia?

Santiago nos dice que si somos hacedores seremos «bendecidos» en lo que hacemos (1:25). Esa es una razón bastante buena para ser hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores.