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Una buena razón para perdonar

Los hermanos de José lo odiaban. Sin duda, diría alguien, con buenas razones. Era el hijo favorito de su padre y su alegría. Eso no podía cambiarlo. Pero José también era ingenuamente arrogante respecto a cómo eso afectaba la actitud de sus hermanos hacia él. La lectura de hoy dice que José soñó que era grande y reverenciado por sus hermanos. No podía controlar sus sueños, pero sí podía controlar no hablar de ellos.

A veces, la gente puede identificar a uno o más miembros de su familia a quienes tiene buenas razones para detestar. En un mundo de egoísmo y pecado, la familia humana no está mágicamente protegida de las divisiones, disputas y odios. Si no se le atiende, el odio hiere y, según esta historia, hasta destruye.

Pero por encima y sobre todas las buenas razones para odiar, permanece el supremo amor de Dios. Dios busca renovar cada relación humana. El amor perdonador de Dios nos capacita para arrancar el odio de nuestras relaciones. El odio humano puede tener «buenas razones», pero el amor de Dios las sobrepasa a todas ellas.